Lácteos: amigos o enemigos

En los últimos años, la leche y los lácteos han sido alimentos de los que se han destacado grandes beneficios. La publicidad ha conseguido que mucha gente crea que son los únicos alimentos que proporcionan calcio a nuestro cuerpo, hasta el punto que se llega a pensar que sin ellos, nuestros huesos sufrirían una gran descalcificación (osteoporosis) o que es imprescindible para los niños en fase de crecimiento.

imagesPero poco a poco van apareciendo evidencias científicas que concluyen que los lácteos, principalmente la leche, no son alimentos saludables y se deben consumir de forma esporádica.

Solamente hay que hacer la prueba: dejar de tomar lácteos durante tres semanas y observar los cambios producidos en nuestro organismo (disminución de la inflamación, menor retención de líquidos, digestiones menos pesadas, menor mucosidad, e incluso menos dolor físico).

El calcio no se encuentra solamente en la leche, y no es donde más concentración hay:

  • Brotes de alfalfa (50 g): 875 mg de calcio
  • Leche entera (50 g): 287 mg
  • Espinaca hervida (50 g): 245 mg
  • Almendras: 169 mg
  • Berros: 82 mg
  • Avellanas 159 mg
  • Semillas de sésamo: 975 mg
  • Pan integral: 30 mg
  • Perejil: 100 mg
  • Brócoli: 96 mg
  • Garbanzos: 78 mg
  • Lentejas: 38 mg

De todas formas, no se ha demostrado que la deficiencia de calcio en el organismo tenga que ver con una dieta con bajos niveles del mismo (se recomienda consumir 1000 mg de calcio al día). Para asimilar el calcio que ingerimos, es fundamental las vitamina C y D, los fosfolípidos, el cobre, el magnesio y la calcitonina. No nos serviría de nada tomar leche si tenemos carencia de los nutrientes que acabamos de mencionar.

El consumo excesivo de leche, provoca que el calcio no sea asimilado en los huesos y circule por el torrente sanguíneo, creando un estado de acidez y dando una información errónea al organismo de exceso de calcio, haciendo a su vez, que el calcio almacenado en los huesos sea expulsado al torrente sanguíneo: osteoporosis.

Si la leche cada vez es menos leche (primero le quitaron la grasa, después la lactosa para hacer las digestiones menos pesadas, después le añadieron calcio, omega 3…) a lo mejor significa que es tan buena como nos hacen creer… Las proteínas de la leche de vaca está claro que NO nos sientan bien.

Según la Asociación Americana Gastroenterológica, la leche vacuna “es la principal causa de alergias en niños y bebés”.

Nuestro organismo está diseñado para asimilar la leche materna mediante una serie de enzimas: la lactasa y la renina; pero dichas enzimas desaparecen a partir de los 2 años de edad, que es cuando ya podemos comer toda clase de alimentos y dejar de lado la leche materna. Por este motivo el organismo adulto no es capaz de digerir bien la leche, lo que provoca todo tipo de alteraciones gástricas e inmunológicas, tan presentes en la sociedad actual: asma, jaquecas, sinusitis, neumonías, fatiga, colon irritable, estreñimiento, gases, arterioesclerosis, envejecimiento prematuro, artritis reumatoide, litiasis renal, anemia, diabetes…

Finlandia es el país con más alto consumo de leche en el mundo, y también la nación la tasa más alta de diabetes. Japón, en contra, tiene la tasa más baja de diabéticos y el menor consumo de leche. Lo mismo ocurre con la osteoporosis, tan necesitada de calcio (¿será entonces bueno el que proporciona la leche?), y diversos tipos de cáncer (mama, próstata, leucemia). Los países donde se consume menos leche tienen las tasas más bajas.

Ante todo, no queremos alarmar. Está claro que estas enfermedades no se originan única y exclusivamente con el consumo de leche, pero es un factor importante acompañado de otros, como la genética, el ambiente, el estrés y la falta de ejercicio, para favorecer su aparición. Los factores de riesgo que estén en nuestra mano evitar, deberían ser eliminados de nuestros hábitos de vida.

Como conclusión, la leche está muy rica pero no es conveniente consumirla a diario.

PD: si nos apetece tomar algún lácteo “por placer” y de forma esporádica, es mejor elegirlo fermentado (quesos o yogur), ecológico y mejor de cabra o de oveja, ya que estas leches tienen un tipo de proteína más parecida a la de la leche humana.

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